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Trump y la teatralidad mexicana

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Newsweek en español
Por: Paula Mónaco Felipe
18 Feb 2017

EL ANTIMEXICANISMO de Donald Trump regó la indignación desde la campaña presidencial. Todos reaccionaron a su afrenta, sobre todo ahora: ciudadanos, gobernantes, empresarios y políticos.

Nunca antes la animadversión por un mandatario estadounidense convocó a una marcha como “Vibra México”, que sirvió también para criticar la torpeza del gobierno mexicano ante la avalancha suscitada por el presidente de Estados Unidos. Tampoco se vio en el pasado una procesión ciudadana hasta la frontera para manifestar su repudio.

Al mismo tiempo, las banderas tricolores aparecieron tanto en espacios privados como públicos; volvieron a la escena las referencias a lo nacional, relegadas al cajón que solo se abre en septiembre o en mundiales de futbol.

“Unidad” es tal vez la idea más repetida por estos días junto con el llamado al “boicot” a productos estadounidenses, que se incita igual en redes sociales que en planes del gobierno y empresariado, como la campaña “Hecho en México”.

Trump golpea frontal la gestión de Enrique Peña Nieto, quien según encuestas arrastra su popularidad en apenas un 13 por ciento (diario Reforma), pero también patea el tablero: se acabó el paradigma que condujo por dos décadas la sociedad comercial con Estados Unidos.

Huérfanos del TLC están quienes ocupan cargos de gestión pública, pero también los partidos y dirigentes políticos, quienes prácticamente nunca propusieron un nuevo paradigma de economía, comercio internacional y relación con Estados Unidos.

El muro de Trump arrincona a los partidos mexicanos. Cuando la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2018 parecía versar solo en torno a la corrupción, el nuevo escenario los hace trastabillar.

EL BOTÍN NACIONALISTA

Un tanto velada y otro tanto obvia, ya había empezado la carrera por la presidencia de México. La encuesta “Preferencias electorales rumbo a 2018”, de Consulta Mitofsky, muestra que entre los últimos meses del año 2016 y febrero del 2017 son tres los partidos que marchan al frente: el conservador Partido Acción Nacional (PAN), con una intención de voto de 18.8 por ciento, en segundo lugar, el opositor Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), con 15.9 por ciento, y tercero, el gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), con 13 por ciento.

Y si el gasolinazo golpeó al PRI, con una baja de un 6.5 por ciento en la intención de voto en ese periodo, es previsible que la caída sea mayor aún en la siguiente medición debido a la tibia respuesta que el presidente Peña Nieto ha dado a los golpes de Trump.

Morena, en cambio, va al alza, según las encuestas. Aumentó 3.8 por ciento sus intenciones de voto en el periodo anterior y acelera más todavía porque ahora su líder, Andrés Manuel López Obrador, comenzó un recorrido por Estados Unidos.

Desde Los Ángeles, la ciudad con más mexicanos en aquel país —cerca de 1.7 millones que representan el 15 por ciento de la población angelina—, empezó un plan para organizar comités en las pequeñas localidades estadounidenses más afectadas por la recesión económica de 2008, como también otro proyecto de crear grupos de abogados bilingües. El Peje acude con “los paisanos” que están en riesgo y apuesta por convencer a los good hombres, en sus palabras, ciudadanos estadounidenses “que están siendo envenenados de odio en contra de los trabajadores migrantes”.

“Andrés Manuel tiene la delantera”, evalúa el politólogo Lorenzo Meyer, profesor emérito del Colegio de México y miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt. “Tradicionalmente la izquierda mexicana ha tenido en Estados Unidos un enemigo desde la Guerra Fría, pero ya se acabó ese tiempo. Andrés Manuel actúa con cautela porque no se presenta como antinorteamericano o antiimperialista, sino nacionalista, ¡y ahora resulta que Trump es ultranacionalista! Bueno, los estadounidenses siempre han sido muy nacionalistas cuando en México la clase dirigente dejó a un lado el nacionalismo y buscó en el Tratado de Libre Comercio la salvación de sus privilegios por vía de unirse a la economía norteamericana. Abiertamente lo dijeron, ‘el nacionalismo es un estorbo, ya debemos mandarlo al bote de basura de la historia’. La izquierda no, entonces ahora el mejor posicionado es la izquierda”.

Las fuerzas políticas parecen atónitas, aun sin saber por dónde salir del atolladero.

El PRD se pronuncia con bastante firmeza, pero ha perdido representatividad y peso, las encuestas indican que incluso podría estar en riesgo de perder el registro.

El PAN defiende los colores patrios con las palabras, pero desmiente en hechos, ejemplos son la colaboración incondicional que tuvo el expresidente Felipe Calderón con el vecino país del norte y las imágenes de senadores panistas como Mariana Gómez del Campo haciendo proselitismo para la campaña electoral estadounidense, con camisetas de Hillary Clinton dentro del recinto del Senado mexicano.

El PRI se mantiene casi en silencio porque su gobierno no ha podido frenar el ataque y va de tropiezo en tropiezo con las acciones del canciller Luis Videgaray. Solo la presidencia habla sobre lo nacional, con un spot que llama a la unidad y se transmite por estos días en las radiodifusoras.

“Esta oleada de nacionalismo retórico que brota ahora es una autoabsolución; nos autoabsolvemos achacando todo a Estados Unidos y a Trump, que tienen responsabilidades gigantescas, pero no son responsables de la miseria histórica de México. Este nacionalismo es como un baño sagrado, como pasar por aguas puras que nos limpian y liberan de todas las responsabilidades”, dice Ugo Pipitone, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Alerta sobre el riesgo de repetir un discurso que no solo es vacío: “La supuesta unidad patriótica ha encubierto la desigualdad y la impunidad de quienes hicieron de la Revolución su bandera”.

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FALTA DE VISIÓN: Ni en la marcha “Vibra México” ni en los discursos del gobierno y la clase política existe una visión realista de nuestro conflictivo presente. Foto: Antonio Cruz/ NW Noticias.

HUÉRFANOS DEL TLC

De reducirse drásticamente el comercio como lo vaticina Trump, México quedaría en situación compleja y huérfanos de discurso los partidos políticos más antiguos, porque “el proyecto del PRI y del PAN ha sido el TLC, mantenerse en contacto con Estados Unidos”, dice Lorenzo Meyer.

Hasta aquí, ocho de cada diez pesos que exportaba nuestra economía iban al otro lado de la frontera. Con un muro de ladrillos y otro de aranceles, parece que en la campaña de 2018 nos tocará entonces hablar de exportaciones, industria nacional y mercado interno.

Ugo Pipitone considera que estamos en una “curva estrecha de la historia —porque— el futuro que era visible ya no lo es y estamos obligados a redefinirlo a partir de la victoria de Donald Trump”.

Experto en desarrollo económico, resume que “en dos décadas de TLC México ha experimentado un éxito importante a nivel de exportaciones, pero el perfil se ha vuelto manufacturero y el éxito exportador no se transformó en éxito general. Han sido décadas de exportaciones e inversión extranjera directa, pero eso no ha jalado en crecimiento de la economía, a tal punto que en las últimas dos décadas México es el país de Latinoamérica que ha crecido menos, junto a Venezuela”. Para este 2017 la Cepal vaticina apenas un 1.7 por ciento de crecimiento de la economía mexicana, mientras otros países de la región como Bolivia crecen un 4.5 por ciento.

En medio de la crisis, dice Pipitone, “estamos obligados a revisar una estrategia antigua que no ha producido resultados económicos ni sociales. México tiene dos factores antiguos de atraso que no nacieron con el TLC, pero sí los ha continuado: agricultura e instituciones eficaces”.

Para él la agricultura lleva “un siglo de olvido” porque “México ha hecho muy poco más allá de la retórica priista, con todo lo que podría implicar para dinamizar mercados locales, capacidad empresarial y crear empleo y encadenamiento productivo”.

El economista dice que, si vamos a revisar, debemos mirar más allá del TLC: “México arrastra dos grandes problemas desde hace casi dos siglos: mala calidad de la administración pública y desintegración social. Convivir con la mayor potencia mundial ha sido desastroso, pero nadie puede achacar a Estados Unidos la responsabilidad del atraso mexicano: la desigualdad y la pobreza de un 50 por ciento de la población que vive sin futuro. Somos uno de los países con menor movilidad social del mundo. Nacer pobre en México es como una condena bíblica: mis hijos y mis nietos serán pobres como yo”.

CRISIS PROFUNDA

Meyer y Pipitone, politólogo y economista, respectivamente, coinciden que ni en la marcha “Vibra México” ni en los discursos de gobierno y clase política, existe una visión realista de nuestro conflictivo presente.

Meyer lo describe como un momento de “doble crisis”. Una es externa, la relación con Estados Unidos, y otra interna: “Se viene gestando desde 2014, la segunda mitad del gobierno de Peña Nieto, cuando se vio que la corrupción era enorme, que era incapaz de dar respuesta a problemas como la desaparición de 43 estudiantes y se hicieron públicas las denuncias de la Casa Blanca, las relaciones del presidente con los contratistas del gobierno.

“Se suman la mala salud de la economía y ahora el aumento desmedido en los precios de combustibles. Está en crisis un sistema político que realmente está muy lejos de la democracia que México pensaba tener cuando eligió en el año 2000 un gobierno distinto al partido de Estado que tuvo por setenta años. Hay inconformidad con la forma en que se lleva a cabo la política, no hay rendición de cuentas y la corrupción se ve por todos lados”.

El discurso anti-Trump, además de botín político, aparece en esta coyuntura como el escudo para evadir otros temas que generan descontento. “La corrupción no es una enfermedad moral de lo mexicano”, advierte Ugo Pipitone, y agrega que “el estilo político del PRI ha contagiado a todos los partidos: PAN, PRD, Morena, a todos. Tanto que los episodios de gobiernos descubiertos en malos manejos de fondos públicos forman un listado dramático. No es el PRI solamente, es el comienzo moderno de una cultura no cívica”.

Hasta ahora, el PAN había centrado sus propuestas en el combate a la corrupción —fórmula exitosa en las elecciones de junio de 2016—, pero, en opinión de Lorenzo Meyer, no cuenta con autoridad moral para enfrentar el desafío de 2018: “Margarita Zavala está ligada a su esposo (Felipe Calderón) y al enorme fracaso de la guerra contra el narco. El narco está ahora tan fuerte como cuando terminó su sexenio, pero con un montón de muertos a cuestas”.

Pipitone alerta sobre otro gran problema negado: la criminalidad.

“Es como un temblor que pone en evidencia la fragilidad de la estructura. No solamente por compartir miles de kilómetros de frontera con el principal consumidor de drogas, la penetración cultural que tiene el crimen ha sido posible por la fragilidad de una estructura que no hace su trabajo. Con la expresión de criminalidad, el Estado ha perdido más solidez y aparece ligado otro problema sobre el cual Octavio Paz escribió mucho: el disimulo. Tenemos un sistema político incrustado sobre el disimulo, la teatralización, la falsificación”.

Un país doliente con cerca de 200 000 asesinados y 40 000 desaparecidos en una década —de acuerdo con los datos oficiales— donde ningún partido o candidato delinea estrategias contra la violencia y ni siquiera aluden al tema. “Hemos caído en condiciones dramáticas y en las últimas elecciones —recuerda Pipitone— ningún partido político puso en el centro el tema de la criminalidad. Todos hacían como si no existiera”.

LA DOBLE MORAL MEXICANA

En estos días, el presidente Enrique Peña Nieto recibió en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a mexicanos deportados desde Estados Unidos y les aseguró que llegan a una “tierra de oportunidades”. Fue la primera acción de este tipo que emprende el mandatario, aunque contingentes de deportados han llegado sin pausa durante los últimos años: Barack Obama terminó su mandato con la marca histórica al expulsar a 3.2 millones de personas, muchas de ellas mexicanas.

No hay diputado, senador o dirigente político que no se haya horrorizado con las amenazas de deportaciones masivas y la criminalización de los inmigrantes mexicanos, equiparados por Trump con delincuentes.

Ugo Pipitone ve una doble moral en la clase política, pero también en nosotros, la sociedad mexicana, quienes hemos sido indiferentes a las razones por las cuales millones de connacionales viven en la marginalidad y eligen cruzar la frontera.

“Una sociedad tan desigual como la nuestra —dice el académico— ha aprendido generacionalmente a convivir con la miseria a tal punto que ha dejado de verla, se ha acostumbrado. Esto ha desarrollado una cultura de la exclusión y la conclusión es que el principal objeto de discriminación en México son los propios mexicanos, los mexicanos pobres”.

Esos que hoy preocupan, no preocuparon cuando tuvieron que irse. “Nuestra desigualdad social es peor que en China y en la mayoría de los países de africanos excluyendo a Sudáfrica. Somos el único caso donde los herederos de una Revolución se han acostumbrado a la miseria hasta volverla invisible”.

El nuevo escenario, la orfandad de Estados Unidos y del TLC, pueden ser oportunidad para cambiar el paradigma del país. Una competencia por la presidencia lo hace más fértil aún, pero ¿quieren los partidos enfrentarse a ese desafío, pasando antes por un examen?

Lorenzo Meyer lo ve difícil: “Los partidos han dejado de tener una conexión más o menos importante con la sociedad. Se manejan en atmósfera distinta, enrarecida del resto de los mexicanos. Tienen asegurado el ingreso, millones y millones de pesos; y no representan a la sociedad, lo dicen las encuestas de opinión pública. ¿Cómo puede volver a conectarse el PRI cuando vemos en Veracruz uno de los robos más impresionantes de dinero público y el gobierno de Peña no dijo nada, dejó ir al responsable?”.

México versus Trump nos pone a pensar qué quiere ser México. “No sería la primera vez, el país ya tuvo un proyecto propio que se fue acabando después de la Revolución, cuando aumentaban corrupción y autoritarismo. Si ya no puede engancharse al proyecto norteamericano, México tiene que buscar el suyo. La alternativa es ir a la deriva y a la mediocridad for ever and ever”.

Liga a la nota: http://newsweekespanol.com/#!/noticias/trump-y-la-teatralidad-mexicana

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