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En los JJ.OO. también hay errores e injusticia, la experiencia de Segura

El Telégrafo, Ecuador

Viernes 19 de agosto de 2016, sección Fanático, páginas 20 y 21

Paula Mónaco Felipe, corresponsal en México

La injusticia también es parte de los Juegos Olímpicos, eso lo aprendió el marchista mexicano Bernardo Segura cuatro ediciones atrás, cuando en Sídney-2000 cruzó la meta en primer lugar pero salió del estadio sin medalla.

En la prueba de 20 kilómetros, Segura terminó primero con tiempo de 1 hora 18 minutos 57 segundos. Detrás de él, a solo milésimas y pocos segundos, entraron el polaco Robert Korzenouzky y el mexicano Noé Hernández, respectivamente.

Siguieron abrazos, festejos y entrevistas con televisoras del mundo pero enseguida se esfumó la alegría: le informaron que había sido descalificado por recibir tres amonestaciones aunque él solo fue consciente de una. En un instante pasó de la gloria al pozo; quedó sin el oro, sin nada. “Fue un error grave de los jueces”, resume 16 años después con tranquilidad porque acepta la posibilidad de una falla humana al calor de la carrera. Explica que fue “una confusión” porque la amonestación decisiva que le adjudicaron en realidad era para su compatriota: “si ves los números que llevábamos, el de Noé (Hernández) era el 2559 y el mío el 2569, solo el penúltimo era diferente”.

Solicitó las tarjetas que emiten los jueces y marcan tres amonestaciones para él, a la hora con 5, 9 y 15 minutos. Las contrasta con las imágenes del video oficial, que ha visto infinidad de veces: “A la 1h5m efectivamente se ve cuando el juez marca. A la 1h9m no se ve porque voy detrás de Noé y de Korzenouzky, la imagen solo los toma a ellos pero vamos a dar el beneficio de la duda, que sea probable que me amonestaron. A la 1h15m (tercera y decisiva amonestación), cuando falta un kilómetro para irnos al estadio, voy 10 o 15 metros detrás del polaco y de Noé, se ve la imagen clarísima de que un juez se para delante de ellos y les muestra la tarjeta mientras yo paso normal. Según la tarjeta física que se entregó, el amonestado fui yo pero no coincide con el video: mi conclusión es que hubo una confusión en los números porque eran similares, escribieron mi nombre en lugar del de Noé”.

Bernardo Segura, quien antes ganó un bronce en Atlanta-1994, acepta con serenidad el posible error de los jueces en Sídney pero le exaspera el accionar de los directivos mexicanos: “No tuvieron iniciativa de presentar una protesta formal, legal y oficial en tiempo y forma. Simplemente bajó (a la pista) el señor Mario Vázquez Raña (entonces presidente del Comité Olímpico Mexicano) y me dijo ‘vamos a investigar lo que pasó. No te preocupes, vamos a recuperar tu medalla’. Se fue por la vía diplomática cuando lo correcto es presentar una protesta por escrito, dar una fianza y crear un comité de honor y justicia que analice el caso para decidir con pruebas”.

Dice que los funcionarios del deporte mexicano lo abandonaron por completo algunas horas más tarde, cuando hizo evidente su filiación política de izquierda. Caro le costó distanciarse del partido de gobierno que era el mismo que seguía Vázquez Raña. “Al ser yo contrario dijo ‘ganó Bernardo la medalla de oro y se la quitaron, no vamos a hacer nada’”. De Sídney-2000, Segura aprendió “que los directivos no apoyan al deporte por amor propio, orgullo o nacionalismo sino porque les pagan. Muchos están al frente de las dependencias por interés económico más que por interés de apoyar al deporte”.

Sin embargo, rescata que nadie pudo quitarle “el sentimiento de ser campeón olímpico, de cruzar la meta en primer lugar. A eso no puedes fingirlo, es una satisfacción y una sensación espiritual grandísima que te traslada a otro mundo. Yo lo viví, no me dieron la medalla pero no importa. Cuando me preguntan qué Juegos Olímpicos gané, digo en Atlanta y en Sídney”.

Atleta y político

Bernardo Segura tiene 46 años y vive en San Mateo Atenco, el pueblo donde nació y creció. Está cerca de la ciudad de Toluca, en el estado de México, una zona donde industrias, calles y casas cubren lo que antes era campo. “Cuando era niño aquí era ciento por ciento rural -recuerda-. La casa de mis padres era la única de esta calle, todos eran sembríos de maíz. Íbamos a la escuela caminando, unos 3 km de ida y otros de vuelta”.

Su madre, ama de casa, criaba gallinas, pavos y conejos. Su padre fue obrero y empleado.  La familia compuesta por el matrimonio y ocho hijos tenía una pequeña parcela donde sembraban maíz, habas y verduras. Los Segura tenían una vida modesta: “No había lujos, tampoco carencias extremas. Éramos una familia rural promedio”.

Lo que sí marcó la infancia de Bernardo fue la afición familiar por el atletismo. Un tío de su abuelo fue campeón en 5 mil y 10 mil metros planos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Caracas 1959, “y corría descalzo”, remarca. Después su padre se interesó por el maratón y Bernardo lo acompañaba a las competencias. “Queda en el inconsciente cuando vas creciendo”, así explica que él, un hermano y un primo hayan optado por la marcha. Bernardo empezó como corredor de fondo y medio fondo para luego dedicarse a la caminata por insistencia de un amigo.

Cuando era veinteañero compitió por primera vez en la Copa del Mundo y quedó lejos de los mejores, en el lugar 52. Dos años más tarde obtuvo su primera medalla, un bronce en la Universidad de 1993, y en 1994 marcó un nuevo récord mundial en Noruega, al cubrir los 20 kilómetros en 1h17m25s. Triunfo mayor llegó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, cuando quedó en tercer lugar y subió al podio.

Además del polémico primer puesto en Sídney-2000 ganó otros dos oros en competiciones internacionales, la Copa del Mundo de 1995 y los Panamericanos de 1999; más dos platas en Panamericanos del 2003 y Centroamericanos de 1998.

En marzo del 2012, con 42 años, se retiró de las pistas y desde entonces se dedica de lleno a entrenar a juveniles. No es una tarea nueva: desde hace dos décadas prepara a otros atletas y también se dedica a la política, una elección que lo mantuvo siempre en el centro de polémicas.

Cuando en México no había mayor poder político que el del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Segura se sumó al entonces incipiente opositor Partido de la Revolución Democrática (PRD). En 1996, después de ganar su medalla de bronce olímpico, se integró al PRD y un año más tarde fue elegido diputado federal (1997-2000). Al concluir su mandato ocupó el cargo de director del Instituto del Deporte del Distrito Federal (2000-2003) y fue candidato a presidente municipal de San Mateo Atenco. En años recientes se integró a la nueva fuerza opositora, el Movimiento de Regeneración Nacional que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

No rehuye al tema político, más bien eleva la voz para resaltar: “Fui el primer medallista olímpico mexicano hasta 1996 en no ser parte de un sistema totalitario en nuestro país. Porque hasta ese año un solo partido había gobernado a México por 70 años y nadie se atrevía a levantar la voz por temor a represalias”.

Acaricia la medalla que le cambió la vida por completo. “Cuando la gané sentí que cumplía un sueño, un anhelo, y mi mentalidad cambió. Me dije ‘no debo temer a decir lo que pienso y lo que siento’. Me volví de izquierda entonces ¡ufff! Todo el mundo se me fue en contra. Era yo muy mediático en esos años y en el 2000, después de Sídney, me volví más mediático. Entonces tu voz se convierte en opinión pública, te vuelves la voz de muchos que no son escuchados”. Comenzó a denunciar apoyo selectivo a algunos atletas y disciplinas, presunto mal manejo de recursos y amaño de carreras, entre otras causas. Su adversario más visible fue Mario Vázquez Raña (1932-2015), presidente del Comité Olímpico Mexicano por cuatro décadas, a quien acusa de haber ejecutado “una dictadura en el deporte”.

Ahora, lejos de los años dorados, Segura sufre para mantener una gran casa que le quedó como testigo de los años de bonanza. Sobrevive con la beca vitalicia que el país da a los exmedallistas olímpicos y denuncia que las autoridades de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), fieles al PRI, se niegan a contratarlo para entrenar a juveniles: “Es consecuencia de mi ideología, ahorita que hay un gobierno totalitario dicen ‘Bernardo es de izquierda’ y no me contratan”.

Ha ido vendiendo los bienes que antes pudo comprar -autos, una casa y dos terrenos-, mientras confía en que pronto llegue un cambio de tiempos políticos. “Lo tomo como una cuestión natural de la vida: hay momentos de bonanza y otros difíciles, son cíclicos. Como dice un amigo, cuando has padecido hambre y vuelves a tenerlo, no pasa nada”.

Esperanza en medio de la crisis

Es una mañana de invierno y Bernardo Segura usa zapatillas y ropa deportiva. Mientras dialoga con EL TELÉGRAFO, de su casa entran y salen muchachos con uniformes similares. Son sus hijos Brandon, de 20 años, y Jefferson, de 17, además de un cuñado quien también tiene 17 años. Todos entrenan caminata “pero nunca los orillé a que siguieran este deporte”, aclara aunque enseguida acota con orgullo que “al cumplir 15 años se empezaron a dedicar a tiempo completo, por voluntad propia”.

Sacrificio de la familia y ayuda de amigos hicieron que Brandon pudiera participar en el Mundial de China-2015. Terminó con tiempo de 1h24m “que lo pone en el nivel de cualquier atleta de su edad con perspectivas reales -explica su padre-.

Tiene una mentalidad extremadamente ambiciosa, dice que quiere ser medallista olímpico en Tokio-2020. Tiene cuatro años para bajar cuatro minutos y no lo veo difícil”. Jefferson, quien lleva ese nombre en homenaje al ecuatoriano Jefferson Pérez, “está chiquito, tiene 17 años y está en quinto lugar del ranking nacional en su categoría. También va por buen camino”.

El exmedallista mexicano no solo entrena a sus familiares, desde 1996 abrió una escuela junto a su padre, en San Mateo Atenco. Con pocos recursos, “de aquí han surgido muchos marchistas, creo que es la escuela más exitosa de México en cuanto a formación y detección de talentos porque de este barrio que es chiquito ya hemos llegado cinco veces a Juegos Olímpicos” (él, su primo Omar Segura, Omar Cepeda y David Mejía en dos oportunidades).

Segura siempre tuvo vocación de entrenador porque entre 1988 y 1993, mientras era atleta de alto rendimiento, estudió la licenciatura en la Escuela Nacional de Educación Física del Estado de México. Ahora se dedica a preparar a juveniles, en promedio de 12 a 18 años de edad, bajo los preceptos de “paciencia, preparación física y mental. Se les dice que si van a practicar este deporte no se van a hacer ricos y que no los voy a entrenar para que pierdan el tiempo”. Les habla de “la historia de la marcha de México, que es exitosísima, y les aclaro que no los voy a entrenar para que pierdan el tiempo o ver qué pasa porque somos parte de una historia de marchistas. Si se van a dedicar a esto, tienen que poner en alto el nombre de México”.

Misión urgente porque ese deporte que fue glorioso vive ahora lejos de sus años dorados. Los mexicanos han ganado 62 medallas olímpicas -13 de oro, 21 de plata y 23 de bronce- pero no alcanzaron ningún podio en los dos últimos juegos, Pekín 2008 y Londres 2012.

Segura atribuye los antiguos triunfos al trabajo que encabezó el entrenador Jerzy Hausleber, un polaco afincado aquí desde 1968. Tan importante fue su aporte que se le considera el padre de la marcha mexicana. “El profe Hausleber era pionero en entrenamiento de altura. Su sistema fue copiado en todo el mundo, aquí llegaban todos a entrenar: argentinos, chilenos, rusos, españoles, italianos… cada año estábamos invadidos por marchistas de todo el mundo, querían saber qué hacía México para estar en la élite mundial. Jefferson Pérez venía cuando tenía 15 o 16 años”.

Donde antes había semillero, ahora hay sequía. Unos pocos destacan y en años recientes solo Horacio Nava y Éder Sánchez han logrado estar entre los mejores del mundo. Segura aduce los malos resultados a que “no hay un programa nacional. Hay competencias pero no existe un programa de entrenamiento o un trabajo anual. Desde que murió el profe Hausleber, cada entrenador pone el programa que cree mejor y nadie supervisa, cada entrenador está haciendo cosas diferentes”.

La solución, dice es “no obligar a los atletas a entrenar con alguien que no quieren, tener un presupuesto exclusivo para caminata y contratar a los 12 entrenadores que trabajan ahora”. Ninguna medalla olímpica ha ganado la caminata mexicana desde Sídney 2000, cuando a Segura le quitaron el oro y Noé Hernández se llevó la plata. “La marcha mexicana está en un bache desde el 2004”, sintetiza Bernardo Segura, pero “afortunadamente este año aumentó un poco el nivel en mujeres y en 20 kilómetros. Con Guadalupe González -de 27 años- tenemos muchas posibilidades de obtener una medalla olímpica en Río, que sería la primera femenil en la historia.

Ella no es producto de un sistema de entrenamiento sino de la casualidad, como se dice ‘un garbanzo de a libra’ porque siempre fue atleta pero empezó a practicar marcha a los 24 años. Eso sí, ¡quisiéramos muchos garbanzos de a libra como ella!”.

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/juegos-rio-2016/1/segura-en-los-jj-oo-tambien-hay-errores-e-injusticia
Si va a hacer uso de la misma, por favor, cite nuestra fuente y coloque un enlace hacia la nota original. www.eltelegrafo.com.ec

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