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Textos

Gobierno incompetente y ciudadanía organizada, experiencia del sismo de 1985 en México

El Telégrafo, Ecuador

Sábado 23 de abril de 2016, Especial, página 13

Paula Mónaco Felipe, corresponsal

Cada 19 de septiembre la alarma suena a las 07:19. Hace 30 años los mexicanos repiten el ritual para no olvidar el terremoto más dañino de su historia, episodio que dejó miles de víctimas, pero al mismo tiempo marcó el despertar de la sociedad civil solidaria.

Edificios deshechos, hierros retorcidos, una nube de polvo y montañas de escombro cubrieron las calles en barrios céntricos de la capital aquel 19 de septiembre de 1985, cuando un movimiento sísmico de 8.1 grados la estremeció durante 120 segundos.

Tres décadas después sigue indeterminado el número de muertos. El gobierno reconoció entre seis y siete mil, pero la Comisión Económica para América Latina (Cepal) registró 26 mil fallecidos y organizaciones de damnificados calculan la cifra en 35 mil.

Cayeron cerca de 30 mil viviendas y la destrucción alcanzó también a unos 400 edificios –incluidos 2 hospitales-, de los cuales 152 fueron demolidos porque presentaban daños estructurales. El Banco Mundial (BM) estimó que las pérdidas ascendieron a $11.400 millones. El 10% de la reconstrucción se cubrió con pólizas de compañías de seguro y el 90% restante entre ayuda internacional y fondos del Estado, que recibió un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) por $ 300 millones y 4 créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por $ 508 millones.

Polémica y criticada fue la respuesta del gobierno mexicano. Aunque se encontraba en la capital, el entonces presidente Miguel de la Madrid recorrió la zona afectada recién a las 16:00 –9 horas después del terremoto-; y su primer mensaje a la nación llegó 3 días más tarde. Además, prohibió que las fuerzas de seguridad participaran en tareas de rescate y al comienzo rechazó la ayuda internacional.

El periodista Jesús Ramírez Cuevas recuerda que “la respuesta del gobierno fue tardía, torpe e inhumana”. Relata que el presidente De la Madrid “decretó el Plan DN-III, que alude a control en zonas de desastre, y llevó al ejército al Zócalo (plaza principal), pero al ser la capital del país significaba declinar su autoridad y tuvo que dar marcha atrás. Entonces puso al ejército y a la policía a cuidar la propiedad privada: ni siquiera hacían brigadas de rescate, solo acordonaban edificios para evitar saqueos”.

En contraste con la incompetencia gubernamental, la sociedad mexicana reaccionó de inmediato. En Tlatelolco, un barrio conformado por grandes edificios, “eran cientos de vecinos ayudando. Una cosa muy hermosa fue que se formaron cadenas humanas: los que estaban adentro de los escombros llenaban cubetas para abrir camino a donde se oían las voces y las pasaban de mano en mano. Es increíble, pero media hora después del sismo ya había una organización”, ha relatado Cuauhtémoc Abarca, residente en esa unidad habitacional y después dirigente de los damnificados.

En el estadio de béisbol Parque Delta se improvisó una morgue al aire libre, donde se acomodaban cientos de cadáveres para que sus familiares pudieran reconocerlos. Elena Poniatowska, una de las principales cronistas de la catástrofe, recuerda siempre que aquello era un infierno blanco: olor a muerte y nubes de cal que echaban para retrasar su descomposición.

A pocos meses del inicio del Mundial de Fútbol de 1986, del cual México era sede, el gobierno y los grandes medios pusieron en marcha una campaña para minimizar el problema. Poniatowska ha relatado muchas veces que a los reporteros les dieron la orden de ‘volver a la normalidad’ y dejar de mostrar la tragedia ‘porque era deprimente y contraproducente’.

Muchos como ella no acataron la orden y tampoco se resignaron los ciudadanos. Ante la falta de soluciones al drama de la vivienda se multiplicaron las organizaciones de damnificados y ocuparon las calles. Bajo presión, en octubre el gobierno expropió 4.263 predios e inmuebles y dispuso la construcción de 45.000 viviendas en el centro de la ciudad. Después de nuevas protestas, la lista llegó a 60 mil y finalmente hasta 80 mil gracias a envíos de ayuda nacional e internacional directa, con lo cual se concretó el programa de renovación y reconstrucción de viviendas más grande en la historia del país.

Oportunismo financiero, gobierno y poderosos querían aprovechar la catástrofe para ocupar terrenos céntricos tradicionalmente habitados por sectores populares, como el barrio bravo de Tepito, uno de los más emblemáticos de la ciudad. Lo impidió una organización ciudadana que dio frutos: los sobrevivientes permanecieron en sus barrios y sobre las ruinas se levantaron los nuevos hogares, edificios y unidades habitacionales con mejores condiciones.

Liga a la nota: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/ecuador/1/el-desorden-primo-en-la-reconstruccion-de-la-capital-mexicana-tras-sismo-de-1985

 

Captura de pantalla 2016-04-26 a las 10.59.58 a.m.

 

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