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Activistas cuestionan el ‘silencio’ del Papa frente a crisis de derechos humanos en México

El Telégrafo, Ecuador

Viernes 18 de febrero de 2016, sección Mundo, página 15

Paula Mónaco Felipe, corresponsal

Un sabor agridulce, euforia en algunos y decepción en otros. Eso dejó en México la visita del máximo líder de la Iglesia Católica, el papa Francisco, quien estuvo en el país entre el 12 y el 17 de febrero.
Multitudinarias misas, algunas con cientos de miles de asistentes como ocurrió en el municipio de Ecatepec, además de kilométricas ‘vallas humanas’ en varias ciudades, demostraron que Jorge Mario Bergoglio es un personaje carismático que ha logrado la simpatía de muchos fieles en México, país donde el 76% de la población es católica, según estadísticas. Efectivo parece haber sido su paso por lugares estratégicos como Chiapas, donde el catolicismo ha perdido adeptos porque 6 de cada 10 indígenas ya no profesan esa religión.
Allí el Pontífice permitió que por primera vez se oficiara misa en lenguas originarias y visitó la tumba del fallecido Samuel Ruiz, el llamado ‘obispo rojo’, quien en vida fue defensor de indígenas y mediador en el conflicto con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Esa postura le valió el rechazo del poder político y del propio Vaticano.
Otra buena impresión que dejó el Papa fue su forma de referirse a la jerarquía católica, ya que habló fuerte a la mayoría de los obispos reunidos en la Catedral de la Ciudad de México. “No se necesitan príncipes”, les dijo y los llamó a respaldar a migrantes e indígenas. También les pidió dejar a un lado las divisiones y pelearse si es necesario, “pero como hombres, en la cara”.
“Estoy alegre-triste o triste-alegre”, resume en su balance María Consuelo Mejía, directora en México de la organización Católicas por el Derecho a Decidir (CCD). Considera que a nivel pastoral, el papa Francisco “rebasó ampliamente las expectativas, porque mostró claramente cuál es la iglesia que él quiere, diferente de lo que dice y hace la jerarquía mexicana”. Además destaca su referencia a temas específicos: “Reconoció el importantísimo papel de las organizaciones de la sociedad civil y de religiosos que se juegan la vida por defender a migrantes, o cuando a los empresarios les dijo ‘esclavistas del siglo XXI’”. Pero en lo social, lamenta Mejía, “quedó a deber” al no incluir reclamos de víctimas y seguir, por ejemplo, invisibilizando a las mujeres.
Aunque profesa la religión católica, la titular de CCD considera importante respetar el estado laico que dicta la constitución mexicana. Los millonarios recursos que se destinaron a la gira del Pontífice generó críticas de los activistas que abogan por una división clara entre la Iglesia y el Gobierno. “No se respetó el estado laico –afirma Mejía-, que es una condición indispensable para la convivencia armónica y las garantías y derechos individuales. Se violó el artículo 40 constitucional cuando los funcionarios demostraron su fe en eventos públicos y el Presidente dijo que todos éramos guadalupanos y que el encuentro con él trascendía a la reunión de dos Estados”. Tampoco le pareció bien la declaración papal de ponerse a disposición de un gobierno, aunque representa una paradoja que puede servir como ejemplo: “No es buena para nadie la ambigüedad de que el Vaticano sea al mismo tiempo una iglesia y un Estado”.
El politólogo Alejandro Vélez Salas, coordinador del portal Nuestra Aparente Rendición, cuestiona el discurso que Jorge Bergoglio manejó aquí: “Dijo las cosas a medias, intentando agradar y tratando de que hagamos una exégesis de sus palabras. Sin nombres, sin ver a las víctimas a la cara, sin tratar los temas de manera clara. Totalmente opuesto a lo que había prometido: hablar fuerte y claro sobre derechos humanos”.
Es que términos como ‘desaparecidos’, ‘asesinados’, ‘feminicidios’, ‘Ayotzinapa’ y ‘pederastas’ estuvieron ausentes en los discursos del jerarca católico, pese a visitar lugares como Ecatepec –uno de los municipios más violentos del país y con mayor número de asesinatos de mujeres-; Michoacán –cuna del pederasta Marcial Maciel y lugar donde el crimen organizado avanza sin control desde 2006 -; Chiapas –estado más pobre-; y Ciudad Juárez –donde los feminicidios se suman impunes al amparo del poder político-. Francisco no se refirió a la crisis de derechos humanos que desangra al país, con 150.000 asesinados y cerca de 30.000 desaparecidos en la última década, situación que ha sido denunciada por organizaciones internacionales de la talla de Naciones Unidas.
“Es terrible el desaire que hizo a las víctimas de desaparición, de homicidios y de la misma iglesia”, considera Vélez Salas. “Existían muchas esperanzas en torno de un papa que se suponía más cercano, progresista, y aquí demostró que es solo una pose. Los padres de los 43 le pedían 3 minutos y no se los dio, pero sí pasó horas con funcionarios públicos y criminales vinculados a delitos graves”. Por enumerar ejemplos, mantuvo encuentros con familias de gobernadores; ejecutivos de la cadena Televisa; con el cardenal Norberto Rivera, señalado por encubrir casos de pederastia clerical que son más de mil en el país; y se le vio cerca también de Rodrigo Vallejo, hijo del exgobernador de Michoacán, investigado por sus vínculos con el líder del cártel de Los Caballeros Templarios.
Columnistas de varios medios denunciaron que Bergoglio estuvo ‘secuestrado’ por el poder político mexicano. En redes sociales con la etiqueta “#PapaBájateDelPapamóvil” muchos ciudadanos le pedían que se acercara al país real de pobreza, impunidad y violencia, no al maquillado para la ocasión.
Cristina Bautista, madre de uno de los 43 normalistas desaparecidos, intentó entregarle un diagnóstico de la situación, pero fue imposible. “Me di cuenta de que el Papa estaba secuestrado por el gobierno mexicano. Tienen miedo de que nos acerquemos y le platiquemos todo lo que ha pasado en el país”.
Alejandro Vélez Salas cree que también fue un ‘autosecuestro’ porque no pareció molestarle el teatro que se armó alrededor de su gira. Al final nos quedamos con la fotografía de él en Chiapas, junto al gobernador y su esposa, con los indígenas arrodillados ante ellos. “El balance es nocivo: aquí Francisco se encuadró en la estrategia de simulación que tiene el gobierno mexicano para invisibilizar crímenes y violaciones a los derechos humanos”.
Liga a la nota:
http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/mundo/9/papafrancisco-ayotzinapa-iglesiacatolica
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