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Defensores de la alegría

Liga a la nota:
http://vos.lavoz.com.ar/poprock/de-gira-con-los-caligaris-en-mexico

La Voz del Interior
Domingo 14 de junio de 2015
Paula Mónaco Felipe (Especial desde México DF)

Los Caligaris firman discos en un shopping del sur del DF. “Limitado a 200 entradas”, anuncian los promotores del evento pero a la hora de la cita hay seis cuadras de fila. Unos tres mil mexicanos, sobre todo veinteañeros, que esperan mientras saltan y cantan, en una tarde laboral.

Vienen con narices y pelucas, casi todos con alguna remera alusiva. Quien no trajo la suya compra en varios puestos que ofrecen un sinfín de modelos además de tazas, gorras, buzos, llaveros, pulseras y las infaltables narices de payaso.

Jessica García lleva ocho horas formada. Desborda emoción mientras se acerca su turno y explica que Los Caligaris le gustan “por su ritmo, porque me dan alegría”. Mismas razones tiene Frida Ávalos, una muchacha de 19 años quien vive en Izcalli, Estado de México, la periferia de la capital.

“¡Sencillez, te amoooo!”, grita una voz femenina y desgarrada. Como ella, cientos. Gritan cuando los músicos se mueven, gritan cuando hablan, gritan cuando avanza la fila. Otros cantan “rolas” (canciones) de la banda, incluidas las del nuevo disco, Circología, que salió hace tres meses.

A saludarlos y pedirles un autógrafo llegan niños como Duilio Ramírez, de 11, quien llora de emoción. Señoras cuarentonas, treintañeras con el payaso tatuado en la piel y Cassandra, una chica parapléjica. Los 12 saltan la mesa para abrazarla y tomarse una foto. “Gracias por venir, gracias por venir”, le dicen llorando ellos.

Los Caligaris no se mueven. Reparten abrazos, se toman fotos y firman discos por nueve horas, hasta que se va el último de la fila.

En el mercado
Flores deslumbrantes, frutas todo color, tortillas de maíz, disfraces y piñatas tradicionales hay en el Mercado de Coyoacán. También puestos de comida y uno, Ostionería El Limoncito está adornado con una gran bandera argentina que tiene los rostros de los cordobeses.

El local es de la familia González, que les abrió su casa en el año 2007. En ese momento, les prestaron lo que había, un par de cuartos pelados, y dormían en el piso pero no olvidan el afecto de ese hotel sin lujo. Cada vez que pisan México los visitan en el mercado donde también saludan a otros puesteros que ya los conocen.
Llegan fans. Saludan amables y les abren un lugar en la mesa. “Son humanos y humildes, no caen en la pose. ¡Ni parecen argentinos!”, me explica un muchacho. Y relata: “Una vez me tomé una foto con Calamaro. No me dijo nada, ni dejó el papel que leía, parecía que me hacía una favor”. “Lo mejor del público mejicano –explica Diego Pampiglione– es que nos demuestran amor”.

En esta escala, los cordobeses pusieron a bailar unas 12 mil personas en dos funciones en el Pepsi Center del DF y aunque las entradas eran caras –desde 35 dólares–, se agotaron un par de días antes. Fue la fiesta de siempre con un show cuidado a detalle con pantallas, proyecciones, vestuario y números circenses.

Desde hace varios años, aquí llenan cuanto lugar pisan en capital o provincia y han sido estelares en el Vive Latino, considerado el festival de rock más importante de Iberoamérica.

Detrás de su éxito hay mucho trabajo, explica Chava Rock, uno de los más respetados críticos de la escena rockera mejicana. “Aquí Los Caligaris empezaron desde cero. Invirtieron tiempo, dinero y esfuerzo en sus primeras visitas pero también fue importante que recorrieran varios puntos del país que no eran los tradicionales del circuito. Se fueron a la periferia y convivieron con los fans. El mérito fue acercarse al público”.

Un público que los adopta sin preguntarse si son cuarteteros o rockeros. Libres de prejuicios, los mejicanos disfrutan lo que oyen. “La música de este grupo me pone de buen humor. Me gusta su manera de enfrentar la vida”, dice Carlos, de 14 años, público del concierto junto a mamá y su hermano menor. “Los seguimos por la alegría que transmiten”, sintetizan Jonás, Xamamek, Kenya y Zyamya, cuatro treintañeros del vecino Estado de México.

Sintomático es que todos mencionen la alegría. Comprensible que la busquen en un México con más de 150 mil asesinados y 26 mil desaparecidos de 2007 a la fecha. Muchos jóvenes que los siguen conocen de violencia, sobre todo quienes vienen de la periferia de la capital, uno de los primeros lugares nacionales en secuestro, extorsión, asesinatos y feminicidios. Ahí los encañonan seguido en los autobuses, ahí fusilaron a 22 muchachos el año pasado y aparecen montones de cuerpos cada vez que dragan ríos.

Estos cuatro treintañeros confirman que sí buscan divertirse y “otro enfoque sobre la vida cotidiana”. Para ellos, “dentro del problema social que vivimos, la música salva”. Se ponen las narices de payaso y transpiran alegría al ritmo de los cordobeses. Los 12 del escenario salen plenos y se alistan para el siguiente desafío. El 4 de octubre viajarán a España con una agenda bien caligari: 15 shows en 20 días.

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