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“Soy un francotirador”

elTelegrafo-14-04-2015_2-26

Liga a la nota:
http://www.telegrafo.com.ec/cultura1/item/la-musica-es-un-vehiculo-importantisimo-para-decir-lo-que-se-piensa.html

Paula Mónaco Felipe
El Telégrafo, 14 de abril de 2015

Su vozarrón es inconfundible. Una voz grave que no pasa desapercibida y está ligada a la denuncia social. Una voz crítica que desde la música y por décadas ha reclamado en contra de atropellos, abusos de poder, desapariciones forzadas y olvido de pueblos indígenas. Óscar Chávez cumple 80 años.

Lejos de pensar en retirarse, quiere “seguir cantando, seguir tratando de grabar y hacer presentaciones. Proyectos sobran, a ver hasta dónde nos alcanzan la fibra y el coraje”.

No quiere bajar el tono ni atemperar la postura porque, dice, “la música es un vehículo importantísimo para decir lo que se piensa, lo que se siente, lo que nos parece bien y no. Para opinar”.

Empezó su carrera artística en los agitados años sesenta, tiempos de revuelta estudiantil y represión. Subirse a un escenario o grabar un disco de música protesta no era fácil entonces, pero tampoco lo ha sido en las décadas siguientes: “Para los que andamos en el underground siempre fue muy difícil la situación. Se cierran los espacios, está bloqueado por todas partes, y se complica cada vez más”.

En su opinión, el panorama ha empeorado desde que dos empresas –Televisa y TV Azteca- controlan cerca del 85% de los medios de comunicación. Porque se encarece la producción, se dificulta la difusión y en definitiva se limita más aún el margen de acción. “Andamos a salto de mata verdaderamente. Soy un francotirador: no hago más que lo inmediato, lo que surge, pero no puede uno planificar ni organizar muchas cosas porque no hay dónde”.

¿El regreso al gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha complicado la apertura de esas brechas? “Muchísimo. Bola de mediocres. Pero de todos los partidos no se hace uno”.

Pasado y presente

Entre propios y colaboraciones, Óscar Chávez ha grabado más de cien discos. Es compositor e intérprete de folklore y música tradicional latinoamericana, mas su carrera inició en otro tipo de espectáculos. “Empecé estudiando teatro. Luego en la labor teatral surgió la posibilidad de hacer algo en relación a la música; y entre el teatro y la música surgió la posibilidad de hacer cine. En fin, una cosa te lleva a la otra”.

En los escenarios trabajó con los mejores de su tiempo como Juan José Gurrola, Ludwik Margulles, Ana Sokolov, Juan Ibáñez, Emilio Carballido y Héctor Mendoza, entre otros. En 1966 actuó en su primera película, Los Caifanes, que tuvo guión de Carlos Fuentes. Fue un gran éxito y Chávez obtuvo dos de los más importantes premios en la industria local (Ariel, otorgado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas; y Diosa de Plata, concedido por la Asociación de Periodistas Cinematográficos). Inició así su paso por el cine, mundo en el cual participó de diez filmes en una década y un total de 14 entre 1966 y 2006.

“El cine como medio, como lenguaje, es alucinante. Descubrir la labor actoral en cine es sensacional”, dice con emoción y los recuerdos parecen invadirlo, en una tregua a su tradicional seriedad. Pero enseguida aterriza nuevamente: “El problema ahora es ¿cuál cine? Nuestro cine está igual que el país, no existe. Existen esfuerzos prácticamente heroicos de alguna gente, pero la industria del cine hace muchísimos años que no existe”.

¿Ve un bache ahí? “No veo un bache, veo un abismo. Un desierto que resulta expulsivo. Hay muchísima gente talentosa en nuestro país, nuevas generaciones. Hay buenos músicos, buenos compositores, buenos ejecutantes y buenos cineastas. Lo que pasa es que todos tienen que rascarse con sus propias uñas porque no hay manera, por eso se nos van nuestros talentos. Ahí andan (Guillermo) Del Toro, (Alfonso) Cuarón, (Alejandro) González Iñárritu y (Emmanuel) Lubezki, por mencionar a algunos. Tanta gente que se va del país porque aquí no hay opciones para trabajar”.
Dolor y desolación

Reticente a hablar de sí mismo, Óscar Chávez siempre lleva la plática al terreno social. Habla de un México “triste y dolorosamente desolado” que se ha configurado en décadas. “Es un deterioro de muchos años. Se han olvidado cosas prioritarias como la salud, la educación y la cultura. Están muy lastimadas, muy echadas a menos. Son muchos años de olvido”.

No le sorprende la crisis política actual y vaticina “una gran abstención” durante las próximas elecciones de junio. Entiende la apatía de los jóvenes porque la comparte: “no creo en nadie. En ningún partido ni en personas, en líderes ni en nada. Espero en todos los dioses que suceda algo. Algo tiene que suceder, no puede continuar la cosa tan fea”.

En meses recientes fue uno de los primeros artistas que reclamó por el caso Ayotzinapa, al cual considera “un ejemplo más de la cantidad de horrores que están sucediendo a este país. Es increíble que desaparezcan de un plumazo a cuarenta y tantos muchachos”.

Le da pánico que se desate la violencia, aunque de alguna manera ya dice que está desatada. “Porque no es nada más Ayotzinapa –alerta-, son miles de muertos desde hace años, son miles de gentes que mueren en todos lados por razones sabidas o no. La gente está muriendo. No es nada más Ayotzinapa”.

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