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“El Ejército no ayudó, nos agredió y nos retuvo”

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http://www.telegrafo.com.ec/mundo/item/el-ejercito-no-ayudo-nos-agredio-y-nos-retuvo.htmlelTelegrafo-05-03-2015_2-15

El Telégrafo
5 de marzo de 2015
Paula Mónaco Felipe, corresponsal

El Ejército mexicano tiene más fotografías del 26 de septiembre en Iguala que las dos difundidas hasta ahora, y no llegó a prestar ayuda, sino a intimidar a los estudiantes que se refugiaban en la clínica Cristina, denunció Omar García, uno de los 25 jóvenes que estaban allí esa noche.

“Hay muchas fotos más, muchas. A cada compañero le tomaban y lo interrogaban”. Agregó que incluso retrataron a detalle el rostro de Édgar Andrés Vargas, herido de bala, quien 5 meses después sigue sometido a cirugías reconstructivas.

Omar García reclama que ni las imágenes ni los textos filtrados a la prensa muestran lo que vivieron dentro de esa clínica privada en donde el cirujano Ricardo Herrera se negó a prestarles atención médica y, en lugar de llamar a una ambulancia, se comunicó con autoridades (él dijo a la revista Proceso que llamó a la Policía, pero finalmente fueron militares quienes llegaron minutos más tarde).

“Los 25 estudiantes localizados en el interior del hospital Cristina agradecieron al capitán segundo de Infantería el apoyo brindado, manifestándole que se retirarían y que ellos, por sus propios medios, le brindarían la atención médica a su compañero herido”, dice el reporte militar oficial, mensaje 22639 inciso A, difundido por el diario Milenio (Juan Pablo Barrera-Acosta, 25/0272015).

Para Omar García, sobreviviente de esa noche, la información parece una burla. “Hacen parecer que son los buenos, que nos asistieron y que nosotros les dimos las gracias, cuando en realidad llegaron y nos empezaron a agredir verbalmente, a cortar cartucho y acusarnos de allanamiento de morada. Nos decían que si nos había pasado algo era porque nos lo habíamos buscado, que habíamos provocado todo eso por ser vándalos”.

“Nos estaban sometiendo con el arma en la espalda o apuntándonos. (a los que estaban en primer y segundo piso) para que bajaran y se sentaran ahí donde ya aparecen sentados. Nos tenían retenidos y con guardias en las puertas. No podía uno moverse ni salir”.

Se indigna al recordar la actitud de los “12 o 13” militares hacia su compañero Édgar Andrés Vargas, quien en una de las fotografías aparece junto a él, con el rostro chorreando sangre hasta el piso. El muchacho había recibido un disparo en el maxilar superior y se estaba ahogando. “Nosotros le decíamos al coronel o al que iba al mando que nos diera chance de que saliera a tomar aire o que llamaran a una ambulancia. Dijeron que sí, pero nunca llegó esa ambulancia ni tampoco dieron chance de que Édgar saliera a tomar aire por lo menos”.

Después de “media a una hora”, los soldados se retiraron diciendo que les iban a mandar a la Policía municipal. Ante el riesgo de volver a topar a los primeros agresores, los jóvenes decidieron salir del lugar y dos de ellos acompañaron al herido en busca de atención médica.

El relato del normalista coincide con el testimonio de un maestro, quien también estaba dentro del grupo, publicado por el periodista Arturo Cano en La Jornada, el 20/02/2015.

En las bitácoras difundidas ahora por Milenio se deja constancia de que los mandos militares eran informados minuto a minuto. Recibían información sobre lo que ocurría en Iguala, las acciones de diversas corporaciones policiales e incluso del gobierno del estado de Guerrero. “Los documentos confirman que los militares estaban al tanto de todo lo que acontecía en Iguala aquella noche, pero que no intervinieron mientras ocurrían las agresiones contra quienes resultaron muertos, heridos o levantados por policías de Iguala, Cocula y miembros de la banda Guerreros Unidos”, afirma el periódico en su edición del 25 de febrero de 2015.

Para Omar García, lo único cierto de la información filtrada es “la prueba de que estuvieron cuando antes siempre lo negaban. De hecho, (el exprocurador) Jesús Murillo Karam negó todo el tiempo que el Ejército haya participado”.

El normalista cree que no es casual el momento en que esto sale a la luz. “Se están acostumbrando a dar información un poco relevante antes o después de cada día 26, pareciera que es un juego de ajedrez en el cual si nosotros movemos una pieza ellos mueven otra. La salida de Murillo Karam (de la Procuraduría) y la captura de la ‘Tuta’ (narcotraficante) forman parte de esos movimientos distractores o fintas que se pueden llamar en los juegos o en las contiendas, pues”.

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