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La historia de Adán Cortés o cómo un estudiante es capaz de ponerse en el lugar del otro

Liga a la nota:
http://www.telegrafo.com.ec/mundo/item/los-43-cambiaron-el-mundo-de-adan-cortes.html

Paula Mónaco Felipe
elTelegrafo-26-01-2015_2-15Corresponsal en Ciudad de México

“Ahorita me voy a ver a las madres y padres de los desaparecidos de Ayotzinapa que vinieron a la ciudad de México. Convencí a una amiga fisioterapeuta para que los revise”, dice Adán Cortés Salas y explica que le preocupan el estrés y poco descanso que han tenido los familiares de los normalistas secuestrados en Iguala, Guerrero.

Después de una entrevista con El Telégrafo, así siguen los planes de fin de semana de este muchacho mexicano de 21 años. Llevaba una vida despreocupada como muchos de su edad pero se ha transformado, cuenta, a raíz de lo ocurrido el 26 de septiembre en su país.

“Yo estaba en mi relajo, en el individualismo que muchas veces manejamos de ‘yo estoy bien mientras siga teniendo dinero, buenas calificaciones y mi familia esté bien lo demás no importa’. Yo iba en mi meta de terminar una carrera-conseguir un trabajo-comprarte una casa-viajar”, explica y sincero admite su apatía. “No era afín al activismo pero este suceso me tocó.”

En un barrio de clase media de la capital mexicana, llevaba una vida despreocupada entre estudios, fiestas y amigos. Hijo de comerciantes, no tenía grandes lujos aunque sí las necesidades cubiertas. Entonces conoció sobre los ataques en contra de estudiantes para maestros rurales, el asesinato de tres jóvenes y la desaparición de otros 43.

Tenía previsto un viaje al exterior, con los gastos cubiertos por un amigo, y estaba feliz por esa oportunidad. Sin embargo, también repicaba en sus pensamientos lo que ocurría aquí, el dolor de 43 familias y la movilización social.

Estando en Oslo, Noruega, leyó la noticia de la identificación de restos óseos de uno de los estudiantes, Alexander Mora Venancio. “Me hizo llorar. Me dio mucha tristeza. Me pegó mucho porque eran unos chavos que iban a ir a una manifestación. Yo no he participado en esas manifestaciones pero dije ‘¡pude haber sido yo! ¡pudo haber sido mi familia la que está padeciendo!’.

Del llanto pasó al enojo al leer el discurso del presidente Enrique Peña Nieto pidiendo al país “superar” el dolor: “Me pareció una ofensa para toda la población”. Se enteró entonces que en la ciudad en donde estaba se realizaría la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz y no dudó en organizar una protesta. Quería llamar la atención de la prensa internacional para demostrar, dice, “México no es bonito y perfecto, que están pasando cosas”.

Así fue que el 10 de diciembre se transformó en noticia mundial. “Mexicano irrumpe en la ceremonia del Nobel”, titulaba la prensa en todos los idiomas después que Adán Cortés apareció con una bandera ensangrentada mientras la paquistaní Malala Yousafzai y el indio Kailash Satyarthi recibían uno de los premios más importantes del orbe.

“Please Malala. México, please”, fue lo que alcanzó a oírse de sus palabras porque la transmisión televisiva alejó entonces la toma para ocultar la protesta que duró unos diez segundos. Sin embargo, cuenta que también le pidió hablar de Ayotzinapa y la reacción de la joven india fue serena porque un par de horas antes habían platicado en el hotel en donde ella se alojaba.

Es que Adán Cortés primero la buscó allí pero no quedó conforme con sólo informar a la galardonada. Quiso un efecto mayor para difundir el tema y se lanzó a intentarlo. Con la bandera mexicana doblada en su bolsillo, sorteó los filtros de seguridad aprovechando una distracción para luego camuflarse entre invitados y periodistas dentro del recinto presidido por los reyes Harald V y Sonia de Noruega.

Fue arrestado y pidió asilo a Noruega porque “estaba muy asustado. Nunca había hecho algo así, nunca fui activista, y decía no quiero ser el próximo estudiante asesinado. Me daba mucho miedo regresar”. Rechazaron su solicitud y fue deportado.

De la protesta al activismo
El 15 de diciembre pasado, decenas de personas recibieron a Adán Cortés en el aeropuerto de la ciudad de México. La escritora Elena Poniatowska lo calificó como “un ejemplo y un orgullo” pero no todo fue fácil. Otros lo criticaron y recibió amenazas como una vez en una protesta, donde un hombre con traje le dijo “a ver si ya dejas de hacer tus desmadritos pendejos”.

Un par de semanas después, Adán Cortés partió solo rumbo a Ayotzinapa. En autobús viajó hasta la capital del peligroso estado de Guerrero y de allí tomó otro transporte público hacia la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos. Quería conocer de primera mano el caso que, asegura, le cambió la vida.

Pasó cuatro días en el internado donde hoy conviven los estudiantes normalistas con las familias de los desaparecidos. Le impresionó la solidaridad y decidió retornar para sumarse a las acciones directas. Junto a su hermano gemelo, Austin, se integró a las protestas que concluyeron con represión y el ingreso al 27 batallón de infantería en Iguala (12/01). También se sumaron a la búsqueda ciudadana por los cerros donde han sido halladas numerosas fosas clandestinas. “Fue muy impactante ver a los padres de los desaparecidos caminando en sierras empedradas con sandalias, que los ves que no se cansan y van de arriba para abajo”, sintetiza.

La experiencia reafirmó su compromiso. Dice ser una persona diferente del muchacho que hacía comentarios frívolos en redes sociales, un mundo que ahora considera tramposo. Opina que plataformas como Twitter y Facebook “están padres para informar pero si te quedas en eso no pasa absolutamente nada. La vida real está afuera, los chingadazos están aquí afuera”.

Adán Cortés se reintegra hoy lunes a sus estudios de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México pero también seguirá“intentando cambiar a este país”. Participará en las protestas a cuatro meses de la desaparición de los normalistas y planea a largo plazo: trabaja en un proyecto para crear brigadas universitarias de alfabetización en zonas marginales del país.

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