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Textos

“En esta época todos andan en fiestas y nosotros con nuestra tristeza”

El Telégrafo
Sábado 27 de diciembre de 2014
Paula Mónaco Felipe

Luz María Telumbre no levanta la vista de su bordado. Da puntada tras puntada; sigue mientras comenta “cómo es esta época… todos andan en fiestas y nosotros con nuestra tristeza”.

Empieza entonces una plática que se extiende entre relatos y consejos. “Nos invitaron a una posada. Yo no voy a ir pero quiero que alguien lleve a los niños para que se entretengan”, dice una madre preocupada. Los recuerdos afloran entre debates sobre la conveniencia o no de usar aro para tensar la tela.

Son hermanas, esposas y novias de 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre. Al terminar una de las incontables reuniones con abogados, encuentran una ocupación para entretener manos y pensamiento.

Como tejía la Penélope griega, estas mujeres mexicanas bordan esperando el regreso de sus seres queridos. Así tratan de pasar las horas que se hacen aún más largas en Navidad y Año Nuevo, tiempo de reuniones familiares.

En pañuelos blancos ponen nombres e historias de los muchachos. Los recuerdan. Los piensan. Les hacen un regalo.

“Israel Caballero Sánchez. Nació en Atliaca, Guerrero. Tiene 21 años y es papá de Melanny”, dice un pañuelo con flores rodeando a las letras. Otro tiene el borde tejido a gancho y al centro “Christian Alfonso Rodríguez Telumbre. Tiene 19 años. Es originario de Tixtla, Guerrero. Fue desaparecido el 26-09-2104. ¡Vivo lo llevaron! ¡Vivo lo queremos!”. En otra tela, “Jorge Álvarez Nava. Tiene 19 años, es originario de La Palma, Guerrero. Hijo, te seguimos esperando”.

Las bordadoras se reúnen en la cancha de basquetbol de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa. El lugar de espera desde hace 3 meses donde también se han instalado un altar y bancas vacías con fotografías y velas.

Las de mayor edad sacan a relucir su experiencia con puntos delicados y complejos. Las más jóvenes incluyen figuras de tortugas, el emblema de esta escuela donde estudiaban los futuros maestros rurales, los 43 hijos de campesinos secuestrados en Iguala hace 3 meses.

Usan hilo verde, el color de la esperanza. Aceptan con entusiasmo la propuesta de la organización Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.), organización de hijos de desaparecidos, asesinados y presos políticos durante dictaduras militares, quienes acompañan a los familiares de Ayotzinapa. Se suman así al proyecto ‘Bordados por la paz’, que cientos de personas realizan desde 2011 para poner en lienzo los nombres e historias de víctimas de la violencia en México.

¿Puede hacer la de mi tío? Es Jhosivani”. Así Jocelyn, de 10 años, pide ayuda a la artista Edith López Ovalle, quien traza nombres, flores y dibujos en los pañuelos blancos.

Mientras tanto, Erica Pascual borda a gran velocidad el nombre de su marido, Adán Abraján de la Cruz. Llega entonces José Ángel, el hijo mayor de ambos. Sobre un papel, el niño de 8 años ensaya dibujos hasta lograr una tortuguita que luego calca en la tela. También su abuela Delfina colabora en la obra.

Cada vez hay más mujeres bordando. Los hombres se acercan tímidos; algunos solo para mirar pero los más jóvenes toman hilo y aguja para sumarse a la tarea. Casi sin descanso dan puntadas hasta que se hace de noche. Cuando se acaba la luz guardan las telas que retomarán mañana, porque quieren hacer un pañuelo por cada desaparecido, otros 3 por los asesinados y 2 para los muchachos que siguen internados debido a las graves heridas que sufrieron el 26 de septiembre.

Los familiares y el Estado

Los padres y algunos compañeros de los normalistas pasaron la Nochebuena frente a la residencia presidencial de Los Pinos. Llovía y los granaderos nunca les permitieron acercarse a la puerta.

“Queremos decirle al presidente Enrique Peña Nieto que si no hay Navidad para nosotros, tampoco para él”, dijeron a la escasa prensa que dio cobertura a la acción.

En días recientes, familiares y representantes del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan denunciaron que el gobierno no busca a los normalistas. Poco después la Procuraduría General de la República confirmó que el personal tomó vacaciones y, por eso, las labores fueron suspendidas entre el 23 de diciembre y el 5 de enero. La subprocuradora de la Unidad de Derechos Humanos, Eliana García Lagunas, indicó que solo “habrá una brigada de emergencia”.

Los familiares de los normalistas —explica la psicóloga Ximena Antillón— “se han confrontado de la peor manera con el Estado, con un Estado represivo. Están decepcionados no solo por la participación (en la detención y desaparición) sino por la incapacidad de buscarlos”.

Aunque el presidente Peña Nieto los recibió una vez y prometió ayudar, Antillón revela a EL TELÉGRAFO que las autoridades mexicanas no han brindado atención a las víctimas, solo han intentado indemnizarles: “Les han ofrecido dinero. Becas, cosas así que en realidad han sido como un insulto. Los han buscado del gobierno estatal porque echaron a andar un plan de reparación. Para los familiares es muy claro que no van a entrar en ningún proceso de ese tipo si antes no tienen verdad y justicia”.

La especialista es integrante de la ONG Fundar y ha realizado el acompañamiento terapéutico desde el primer día. Explica que para madres, padres, hermanos, tíos, esposas e hijos la angustia se ha extendido por 3 meses porque “no solo no saben dónde están los muchachos sino que las versiones de la Procuraduría son muy débiles y dolorosas. Es una tortura para la gente. Es mucho desgaste, mucha incertidumbre”.

En los primeros 10 días posteriores al secuestro masivo, el gobierno mexicano no puso atención al caso bajo argumento de que se trataba de un asunto local. Después informó el hallazgo de fosas clandestinas que luego se confirmaron contenían otros restos y por último ha defendido la tesis de que los 43 jóvenes fueron incinerados en un basurero en el municipio de Cocula, aledaño a Iguala.

Hasta ahora las autoridades solo han entregado a familiares un hueso de 4 centímetros y una muela, identificados con exámenes genéticos como pertenecientes a Alexander Mora Venancio. No hay mayores detalles sobre la muerte del joven y 42 estudiantes continúan desaparecidos.

“La desaparición forzada —agrega Antillón— es una situación de por sí difícil pero lo que vemos aquí es una revictimización permanente porque las autoridades no solo no los buscan sino que estigmatizan a los estudiantes y acusan a los padres de estar manipulados. Es una falta de respeto permanente a la dignidad de los familiares”.

Link a la nota:
http://www.telegrafo.com.ec/mundo/item/en-esta-epoca-todos-andan-en-fiestas-y-nosotros-con-nuestra-tristeza-galeria.html

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