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No he llevado proceso como tal; alteran mis declaraciones, dice Nestora Salgado

Paula Mónaco Felipe
Especial para La Jornada
Sábado 20 de septiembre de 2014, p. 17 //////

Cada nueve días tiene derecho a una llamada telefónica. Son tres minutos que pueden extenderse un poquito si la celadora de turno se hace de la vista gorda. El tiempo apenas alcanza para oír las voces de su familia; para escuchar a su esposo, sus tres hijas, cuatro nietos, hermanas y hermanos que viven en Olinalá, Guerrero, y Seattle, Estados Unidos.

Nestora Salgado habla desde una cárcel de máxima seguridad, el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) número 4 de Tepic, Nayarit.

“Para todo he tenido violaciones. Desde el momento en que me arresta el Ejército, sin estar en flagrancia”, dice en voz alta, casi a gritos. La celadora está a su lado y escucha toda la conversación, pero ella no se atempera. La líder de la policía comunitaria de Olinalá sigue relatando a La Jornada: “Mi declaración no la ponen como yo la hago, de todos modos me la hacen firmar. Me han hecho firmar papeles”.

La pregunta sobre su derecho a un debido proceso la exaspera. “No he llevado un proceso como tal. En un año solamente una vez ha venido mi abogado a visitarme; en un año no he tenido ninguna notificación. De lo único que he tenido notificación son de los compañeros que están presos. He mandado escritos y no se me han contestado. La verdad no se qué está pasando, no se quién está atrás de todo esto”.

Nestora Salgado fue detenida el 21 de agosto de 2013 en un operativo con 15 vehículos militares. Desde entonces está presa y aislada, según documentó una grupo de diputados federales en mayo pasado.

Se le acusó por 48 secuestros y aunque la justicia federal dictó auto de formal libertad el 31 de mayo, al encontrarla inocente, sigue en una cárcel federal porque el estado de Guerrero no ha resuelto aún su situación.

“El gobierno sabe perfectamente que soy inocente y me están haciendo pagar culpas que no debo, lo saben perfectamente. Nestora no es ninguna secuestradora, no es ninguna delincuente. Está aquí por haber alzado la voz para pedir protección para su pueblo”.

El tiempo corre. Queda poco por hablar, pero no se achicopala. “He oído un informe de (Enrique) Peña Nieto donde dice que ha cumplido con muchos estados, que ha nombrado y ha cumplido con salud y escuela y con todo. A mi pueblo no ha llegado ninguna ayuda. Mi pueblo sigue siendo el jodido de siempre, porque para mi pueblo no voltean.

“Además del presidente corrupto que tenemos, la verdad, no se vale que estén dando informes de maravillosas cosas que están haciendo, mas nunca se ven reflejadas en los pueblos ni en la gente necesitada, porque hay gente que de verdad necesita. No lo pido para mí porque nunca he pedido para mí, he pedido para la gente que sí lo necesita. Ya me van a colgar, muchísimas gracias.”

La queremos mucho, se cuida mucho, bye madre, alcanzan a decir sus familiares antes de escuchar el tono. La llamada terminó.

Mujer peligrosa

Nestora Salgado nació en el estado de Guerrero, en 1971. Es la sexta de siete hijos en una familia de origen humilde. Se casó siendo adolescente y a sus 17 años de edad ya tenía tres hijas: Saira, Rubí y Grisel.

En 1992 emigró a Estados Unidos y allá se separó de su marido por violencia doméstica. Trabajó en limpieza de casas, hoteles, restaurantes y en cuanto lugar pudo. Así sacó adelante a sus hijas, quienes ahora tienen ciudadanía estadunidense lo mismo que su madre.

Luis Ávila Báez es su marido desde hace 18 años y aún vive en Seattle. Habla con La Jornada de la casa que compartían, un lugar agradable, con fotografías y bien equipado.

Cuenta que tenían una buena situación económica. Ella recibía una jubilación por dos accidentes que sufrió en 2002 “y yo gano 4 mil 500 o 5 mil dólares mensuales. Trabajo diario en restaurantes y en la construcción”.

Por eso Nestora viajaba a México cuatro veces al año. “Llevaba ropa para comunidades indígenas, las iba comprando y cuando juntaba buena cantidad se iba a repartirla. La última vez (mayo de 2013) se quedó más tiempo (en Olinalá) por su compromiso con la policía comunitaria. Al ver la difícil situación no quiso abandonar al grupo. Tenía boleto para regresar (a Estados Unidos) en esos días, cuando fue arrestada”.

Cinco días antes, Nestora ordenó la detención del síndico del pueblo, Armando Patrón Jiménez, sospechoso por dos asesinatos y robo de ganado. Lo arrestó en sus funciones de comandante de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), porque los habitantes del pueblo la habían elegido para ocupar ese cargo en la organización que tiene reconocimiento legal y 19 años de historia en Guerrero.

“Yo denuncié las porquerías que ellos ofrecían y que ellos querían. No acepté dinero, no acepté arreglos que ellos querían para que los dejara libres”, dijo la comandante en junio pasado, en otra breve entrevista para la cadena Telesur.

Ahora, desde Seattle, su marido ahonda: “El gobierno estatal la trató de sobornar. Incluso el gobernador (Ángel Aguirre) un día le dijo ‘déjate de chingaderas y ya vente a trabajar’ (a la administración pública). Fue como dos meses antes de su detención.

“Yo creo que el gobierno tuvo miedo porque Nestora no nada más había organizado a la policía comunitaria en Olinalá, ya la estaban invitando a otras partes. Es una líder nata, ella organiza y es franca. Para el gobierno era peligrosa.”

Presa política

Sus familiares denuncian que Nestora está sola en una celda con luz encendida durante las 24 horas. Pocas veces le permiten caminar en el patio y tiene prohibido hablar con las demás presas.

“Le dan comida que no la nutre y a veces la carne va cruda. Tiene que comprar el agua a pesar de que a las otras internas se les da.”

Lo relata Saira Rodríguez Salgado, su hija mayor. Ha visto de cerca las condiciones porque sólo ella y su tía Cleotilde tienen permitido visitarla cada 12 días. Viajan 24 horas en autobús para un encuentro que, dicen, dura pocos minutos, aunque formalmente debería ser de 13 a 15 horas. “El 14 de agosto, cuando llegué, mi mamá todavía no estaba ahí. Tardaron una hora y media para traerla.

“Nos ponen en una cancha de basquetbol. Hay cuatro reservados, pero hay cámaras, y pegado están las celdas de las otras internas. Solamente cuando llego le puedo dar un abrazo; si le llego a tocar la mano o abrazar otra vez, me sacan.”

Mientras las demás presas reciben visitas sin ataduras, Nestora está esposada de pies y manos, “como la peor criminal”.

En México, un grupo de artistas e intelectuales creó el comité #NestoraLibre para denunciar que está presa por razones políticas. Delegados del consulado y la embajada estadunidense la han visitado en el penal, pero no han difundido detalles sobre las gestiones.

En Estados Unidos la respaldan 130 personas y organizaciones, incluidos el congresista Adam Smith y sindicatos de electricistas y carpinteros. Por estos días, además, nueve legisladores enviaron cartas para pedir la intervención del secretario de Estado, John Kerry, y del embajador en México, Earl Anthony Wayne.

Como Nestora Salgado tiene doble nacionalidad, su esposo y sus hijas golpean puertas de otro lado de la frontera. Es su única esperanza “porque en México no puede haber un juicio justo cuando te niegan al abogado que elegiste y te autorizan que lo veas a los 11 meses”.

Link a la nota: http://www.jornada.unam.mx/2014/09/20/politica/017n1pol

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